FORJADORES DE LEYENDAS:Cristina Fernandez

 

1-LEONIDES y MARÍA

2-DOMINGO GORDO ( “la huevada”)

3-TORTA EN VINO NO EMBORRACHA...

 

Otros...

 

CANCIONES DE PANDERETA ;MªLuz Fernandez

LAS SUERTES ; Cristina Fernandez

CASTRO ESQUILON;Cristina Fernandez


 

 

1-LEONIDES Y MARIA


Podemos decir que eran los años treinta, y que era otoño, octubre para ser exacto, y que en Castro, como en casi todas las partes de Europa, la vida de las gentes transcurría en la estrecha complejidad que procuraron los numerosos acontecimientos históricos, tan determinantes para todos, nadie se pudo sustraer a las consecuencias de lo que el día a día fue regalándoles, nadie. Pero por encima de esas cosas importantes con las que se llenan páginas y páginas de libros escolares, estaban las vidas de las gentes, con sus pequeñas cosas que latieron a golpe humilde e hicieron que la vida, fuera, a pesar de todo, vida.


El tio Leonides era oriundo de Vegas y se había casado con una muchacha de Lugan que respondía por el nombre de María. Vivian en una casa pequeñita que aún existe, un poco apartada del pueblo, en la cuesta que sube al Monte San Pedro, a la derecha, con sus siete hijos. Aquella mañana de otoño, plantado a la puerta de su casa contemplaba el paisaje, el valle multicolor, brumoso, húmedo y a la izquierda el pueblo sostenido sobre la ladera como una gota de cera fría. Acababa de amanecer y esperaba a que María terminara de hacerle las sopas para desayunar, sin ajo, porque al tío Leonides no le gustaba el sabor del ajo, y bien caro que le costaba este capricho del paladar, que le hacía privarse de platos estupendamente cocinados cuando la ocasión se presentaba propicia. Sin ir más lejos, en septiembre, durante la época de la vendimia, habían ido su Maria y él a casa del tío Eugenio a echar una mano con la recolecta de la uva, el trabajo no era duro y el jornal algo ajustado, pero al acabar la faena la señora Irene les había llenado el plato de un delicioso conejo cocinado al ajo que seguramente, resucitaría a los muertos. Entraron en la cocina, frotándose las manos porque la tarde declinaba fresca, los cristales de la ventana empañados, y encima de la chapa del fogón de leña, una enorme cazuela humeaba


- A qué huele
Dijo Leonides con su voz nasal
- A conejo- Contestó la señora Irene
- St, st y a ajo
- Pues sí, con ajo, patatas zanahorias …
- Pues no lo puedo probar, no, no, no, no puedo con el ajo
- Pero Leonides… cómo puede ser
- Pues así es- dijo metiendo los pulgares en los sobacos de su sempiterno chaleco- no puedo con el ajo, mira que he comido de todo, que no le hago ascos a nada, pero el ajo y los raposos es algo con lo que no puedo st, st, dame perro, gato, jabalí, ¡conejo mismo! Pero sin ajo. Y el raposo, ni con ajo ni sin el

Y sacudiendo la colilla que acababa de apartarse de los labios para pronunciarse sin estorbos, se cruzó de brazos con determinación… hubo que hacerle otra merienda.


Aquella mañana de octubre tenía la cabeza algo cargada, un dolor intermitente le golpeaba justo detrás de los ojos, levantó la vista al cielo y echo un repaso como buscando.

- Leonides, pasa, el desayuno está preparado
- Al fin ha desaparecido esa estrella que brillaba tanto- Contestó él mientras entraba
- ¿qué murmuras, Leonides?
- Anoche, cuando venía de Vegas colgado del hombro de Sebastián , una estrella enorme me deslumbró durante todo el camino, cualquiera diría que me perseguía
- ¿una estrella enorme?
- No era una estrella, era la luna, Leonides – desde la puerta de la cocina Sebastián con un saco en una mano, contestaba risueño
- Cómo que era la luna
- Como te lo digo, ayer había luna llena, y era lo que te molestaba
- No lo creo
- Pues a mi no me extrañaría porque llegaste con una cogorza que no atinabas ni a quitarte las alpargatas… bebes demasiado
- Ya lo sé María, pero déjame. Pensé que era una estrella que me seguía
- Pensaste, pensaste…
- Eso María, déjale y concéntrate en lo que te traigo- lo dijo Sebastián poniendo el saco encima de la mesa
- Siéntate Sebastián y me lo enseñas mientras desayunas con Leonides
- Gracias por el convite, pero ya desayuné

Leonides revolvió en el saco
- ¡es un gato!, ¡sandios! Y gordo, mira como tiene los lomos
- ¿nos lo cocinaras, María? ¿para esta noche? Eres la mejor cocinera de este pueblo
- Ni que lo digas Sebastián, la mejor- Y tomándola por la cintura, de la que pasaba a su lado, la achuchó contra él

María secandose las manos en el mandil rodeó la mesa y echo un vistazo por encima del hombro de su marido, luego miró a Sebastián…
- os lo cocino, y otra cogorza que se avecina

Se retiró a atender la lumbre y el desayuno de sus hijos mientras los dos hombres comenzaban a conversar, mirando de vez en cuando por la ventana como se definía el día, si se iban a disipar las nubes o se iba a quedar así, al tiempo que oía con cierto desinterés, la conversación.

- ayer estuvo el camión de la falange
- sí, mientras jugábamos a los bolos en la plaza
- me dijeron que todos corrieron menos tú, que te quedaste allí
- y ¿por qué no? ¿qué pueden querer que tenga yo?
- Lo que ellos pueden querer, tú y yo, a lo mejor, no lo comprendemos, pero es mejor ser prudente, que hiciste, ¿hablaste con ellos?
- Me estaba liando un cigarro, me preguntaron dónde estaban los otros, me encogí de hombros
- Tienes que tener cuidado

María se acercó y volvió a llenar el tazón de sopas a Leonides
- pronto será la fiesta de tu pueblo, María
- La Virgen del Rosario, sí señor, no hay fiestas como las de mi pueblo
- ¿iras?
- No puedo, son casi ocho kilómetros desde aquí, los chiquillos no lo resistirían. Ira Leonides
- No adelantes acontecimientos, mujer.
- Me dijiste que irías, así aprovechas para comer bien y beber mejor, y de paso traes lo que te sobre
- Ya veremos
- No hay discusión
- Ya veremos

Sacó del bolsillo de su chaleco la petaca, María se volvía hacia el fogón, Sebastián le miró la espalda hacendosa y el moño desordenado mientras Leonides se acabó de liar el pitillo, con el encendedor de yesca colgado del brazo derecho, se lo ofreció a Sebastián quien declinó la oferta y, a renglón seguido, se lo coloco en la comisura de los labios de esa manera característica y ciertamente burlona, tomó el mechero y le dio a la yesca que necia se empecinaba en no prender

- Cagüen sandios ¿qué no quieres?

Y otra vez

- Cagüen sandios ¿qué no quieres?

Hasta que lució febril como el diente de oro de un diablo sonriente

- Taría bonito que no prendieras…

Y aspirando con satisfacción lleno la estancia de un humo blanco como la conciencia de un niño. Mientras miraba de reojo al gato y sonreía a Sebastian


Llegó La Virgen del Rosario y Leonides se puso sus alpargatas nuevas y blancas, las mismas que se había puesto el día que el cura le abofeteó por ir a la iglesia en alpargatas (nunca más volvió) y despidiéndose de su María, tomó el camino de Barrio, el de Barrillos, el de Lugán. Al principio caminaba alegré, las palabras frescas de María resonaban en su mente alentándole “vete, lo pasaras bien, comerás bien, beberás mejor y a lo mejor nos puedes traer algo a lo chiquillos y a mi” “vete Leonides que es la fiesta de mi pueblo y yo no puedo ir” –bueno-, le contesto, -pero aprovecha para comerte la lata de sardinas ¿vale?- Y ella aceptó, a su manera tambien lo celebraría. Cruzó el pueblo y tomo el camino de la Cañada Real atravesando las Eras de Arriba, se metió por El Calero y llegó al Cenizal. Tomó el camino de Barrillos, con sus alpargatas flamantes y la colilla pegada a la comisura de los labios, la cabeza inclinada y la mirada fija en la punta de las alpargatas, mientras María se quedaba en Castro con su lata de sardinas y sus rapazuelos. Salió al camino decidido, el tío Leonides, a llegar a Lugan, decidido a comer y a beber, decidido a ver la función y volver a casa, tarde y lleno. Pero sus pasos cada vez fueron más lentos, cada zancada que daba de buen andarín, que lo era, un estupendísimo andarín, un peso insoportable se acrecentaba en sus talones, y aquel segundo sin María, su María, empezaba a ser una eternidad insufrible. Se paró, lo pensó, retomo la andadura, lento, lento. Se paró, lo pensó y dio un paso más, tal vez dos. Se paro, lo volvió a pensar y se dio la vuelta. Con la cabeza alta y el paso ligero ¡qué ligero! ¡casi corría! deshizo su camino, con impaciencia, ¡no le parecía que hubiese avanzado tanto! Al fin llegó al Cenizal, dos pasos más y vería el pueblo detrás de la curva. Una voz le distrajo de su prisa, el tío Hermógenes, desde la huerta, le vociferó levantando la mano:

- Leonides pero ¿no ibas a la fiesta de Lugán?
- Iba sí, pero empecé a pensar en María, y en una lata de sardinas que teníamos reservada para hoy, y lo prefiero Hermógenes, me vuelvo con ella.

Se lo dijo sin parar de caminar, agitando la mano a modo de saludo y despedida, iba con prisa, con mucha prisa.

Fin



El Señor Leonides, trabajaba en la tejera del Tio Sindo ( para más información sobre esta tejera siga leyendo en “recuerdos e historias de antaño”), en la pequeña, la que está justo encima del primer valle, ese fue el motivo de que recalara en Castro con su familia. No tenía buena mano con los asuntos del campo, así que cuando flojeaba el trabajo en la tejera, se agarraba a lo que podía. Los adobes de muchas de nuestras casas los hizo él, los de la mía, por poner un ejemplo, los de la de mis abuelos el tío Eugenio y la señora Irene, los de la del tío Teodoro… Tambien, tengo que contar, que cuando se hacían las alubias aquí, en Castro, las alubias de los pobres, que se comían por riguroso orden: primero los pobres y si sobraban, ya todos los demás, era él el encargado de atizar el fuego, y me dicen que aunque era un rato largo, lo hacía con muy buen tino, al principio de pié, pero luego ya tumbado… porque le gustaba mucho el vino.

Cristina Fernandez Castro- 2006

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2-DOMINGO GORDO ( o “la huevada”)

Aquella mañana, la primavera ya estaba en puertas, por la cuesta de las viñas los corrillos de margaritas dibujaban en el césped, consignas ilegibles, caprichosas, como dando el tono a un desordenada orquesta que pronto habría de poner en jaque a todo lo que se mueve. Era domingo, Domingo Gordo, así lo llamaban ellos, el domingo anterior al martes de Carnaval y la mañana lucia azul y fría, mientras en la lejanía, los picachos de la Vecilla, aún manchados de nieve, soplaban sobre el valle confundiendo las brisas de la sazón, con corrientes heladoras. Hostilidad pasajera la de ese frío, que al fin, habría de tornarse en consumado florecimiento, templada algarabía de pájaros, quiebros de conejos entre las estepas, ardillas, zorrillos, corzos, jabalís… tanto y más. Por el camino de La Fuente, allá sobre las diez de la mañana, empezaban a aparecer mocetones, venían en grupos de a dos, tres… con los cuellos de las chaquetas subidos y al hombro, unos palas y otros escabuches. Eran muchos, un motón, más de treinta, y se iban parando en “La Fuente” en animada conversación, hasta que estuviesen todos.
De aquella, se era mozo ya con dieciséis o diecisiete años, y formaban un grupo estructurado y bien organizado que, todos los días, se reunía a charlar de sus cosas, después de la jornada, en el Cantón (esquina de la hoy casa de Jonas). Cuando algún chaval alcanzaba la edad requerida, entraba a formar parte de este grupo tras previo pago de medio garrafón de vino, que se solían beber ese mismo día, con motivo de la de la incorporación del nuevo miembro, hechas las presentaciones pertinentes por el presidente de los mocetones, golpetotes en la espalda, algún simulacro de lucha leonesa, bromas, risas, pasaba a ser mozo: mozo de Castro.

Podemos poner que el día de autos, este año mismo y en esta primavera, aproximadamente hace sesenta años, fue la última vez que se reunieron a limpiar el lavadero de las señoras y a adecentar el reguerillo que aliviaba de agua a dicho lavadero y, que discurría por la cuesta de la casa de la maestra ( hoy club) hasta finalizar, vete tú a saber dónde. Último año de Domingo Gordo, de La Huevada, porque fue por entonces cuando Santiago LLamazares que era el presidente de la Junta Vecinal llamó a un “contratista” que hospedó en la Fonda Horado, que a su vez contrató a los del pueblo como mano de obra, para bajar el agua hasta Castro en tres puntos, que fueron, o son, los tres caños. Cosa que alivió mucho a todas las señoras, sobre todo a las de Barrio de Arriba que no tenían pozo en casa, porque las del barrio de abajo, de las iglesia en adelante, en sentido Camino de Vegas, tenían pozo, casi todas.

A lo que íbamos, aquella mañana de Domingo Gordo se reunieron alrededor del estanque donde las señoras lavaban, como cada año desde hacía mucho tiempo. Unos lo vaciaban y lo limpiaban a fondo; otros, atendían el reguerillo por donde corría el agua jabonosa. Ninguno se escaqueaba del trabajo, ni estaba taciturno, ni triste, al contrario, la noche se presentaba prometedora, porque después de esto se pasarían por las casas y las señoras, en pago por el buen trabajo, les darían algunas viandas con las que celebrarían una merienda en casa de Sebastián, que era donde estaba la taberna (exactamente en la cocina de nuestra querida vecina, Luz). Estas viandas eran, sobre todo, huevos, por eso esta fiesta tambien se llama “la Huevada” que depositaban en un cesto que llevaba uno de los veteranos, las que no daban huevos podían dar chorizos, tocinos… que se iban ensartando en un alambre que llevaba otro de los veteranos y por último, había quien no daba ni una cosa ni la otra, y daba vino, que vertían en un garrafón que llevaban entre otros dos mozalbetes. Los demás iban todos en procesión, juergueando ya y cantando, haciéndose bromas y chistes de mozas, porque se acercaba el día en que cada uno tenía que dejar, a escondidas, un ramo de flores en la ventana de la chica que más le gustaba. Este era el día de Ramos, que coincidía, exactamente con el Domingo de Ramos, nunca mejor dicho. El solsticio de primavera siempre era muy intenso, pero no solo aquí. Luego, o entre medias, o no sé si fue antes, la iglesia se tragó todas estas celebraciones con el nombre de “paganas”... Sigamos: Hecho acopio de los manjares, a media tarde más o menos, se los llevaban a la taberna para que se los preparara Sebastián, y entre tanto, cada uno se iba a su casa a ponerse guapo ¡qué guapo! guapísimos, porque hay que ver, como eran estos mocetones…

Sobre las nueve se sentaban a la mesa. Brindaban varias veces, muchas, muchas a lo largo de toda la noche, a medida que iban dando cuenta de chorizos, tocinos fritos, tortillas y huevos duros sazonados con aceite y pimentón. Y cantaban ¡uy que si cantaban!, ¡hasta los que no sabían!, y se acordaban de sus chicas, de sus amores que estarían en sus casa a la espera de oírles salir de la taberna en gran algarabía, para dirigirse a la puerta de la señora que había sido más tacaña y cantarle a voz en grito :

“Esta tía porretera
Que vive en este rincón
Lleva una cáscara al culo
Que la pesa un cuarterón”

Aquella noche estrellada, ya fresca más que fría, mientras los mozos cantaban agarrados del hombro y muertos de risa, y las mozas les escuchaban detrás de las ventanas de sus habitaciones, nadie echó de menos a Milio, nadie; había estado en la cena, pero después se había escabullido: ¿dónde estaba Milio? Pues Milio estaba colgado de la trasera de los pantalones en un clavo del corredor de la casa de Hilaria, y allí se pasó toda la noche, lidiando con el rocío y la gravedad, hasta que se dignaron a bajarle ya bien entrada la mañana. Mientras Cecilia, con el ceño fruncido, se tapaba con las mantas hasta la cabeza, porque no quería oír nada de fiestas ni de mozos, estaba muy enfadada, con Milio, con el mundo, con esa manía que tienen los hombres de beber y beber… pero eso es otra historia, que tal vez contemos otro día.

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CANCIONES DE PANDERETA

 

Cuando era niña, recuerdo que las "canciones de pandereta" las cantaba la Tia Maria , esposa del Tio Leonides. El baile se hacía en el PORTALON . La música era simplemente el sonido de la pandereta marcando el ritmo de las jotas.
Yo recuerdo más estos bailes que otros que tambien se hacían en la calle junto a la casa del Tio Emeterio y la Tia Brígida.Aquí tocaba la pandereta tambien , Balduína ( Baldu).

"El Portalón "

"Salid mozas a bailar
por mozos no tengais pena
que se venden en Boñar
a perrilla la docena"
______

"El mozo que a mi me quiera
ha de ser con condición
que lo suyo sea mio
y lo mio de los dos"

_______________

"Como quieres que venga
de noche a verte
si tienes la ventana
llena de gente.
Llena de gente niña
llena de gente.
Como quieres que venga
de noche a verte."
_____________-

"Como quieres que tenga
finos colores
si me los han robado
los tus amores"

_________________-

"Como quieres que vaya
de noche a moras
si me pican las zarzas
que son traidoras
Que son traidoras, niña
que son traidoras
Como quieres que vaya
de noche a moras"
_____________-

"Como quieres que te quiera
si no te puedo querer
si la madre que tu tienes
a mi no me puede ver"
_______________


"Ya esta el torito en la plaza
y el torero en la barrera
las damas en los balcones
diciendo que el toro muera.
Pobrecito toro
la van a matar
en la calle ancha
de la libertad
Pobrecito toro
que se va a morir
en la calle nueva
de Valladolid"

Esta canción era muy movida y rápida; todos los que bailaban daban muchas vueltas y como las mujeres llevaban vestidos de mucho vuelo en aquella época...este se les subía hasta la cintura en los giros.

"La Casa de Baldu"
_____________________-

"De día a los toros
de noche al café
Un sargento , madre
me pisó en un pié
me volvió a pisar
un sargento madre
y en el delantal"

Esta canción se cantaba en el baile que llamaban de la jarra o baile de la botella.

________________________

"De la habana soy señores
porque en la habana nací
no he conocido el amor
hasta que no vine aquí"
_________________-

"Morenita si lo soy
al espejo me miré
ojos hechiceros tengo
y algún tonto engañaré"
______________

"Allá va la despedida
metida en una avellana
que no quiero tocar mas
porque no me da la gana"
_____________

"Alla va la despedida
metida en un vaso de oro
tratala con cariño
que es mi tesoro.
Que es mi tesoro niña
que es mi tesoro
guardala con cariño
en un vaso de oro"
_____________

"Alla va la despedida
no os la quisiera dar
porque sois mis amigos
y no os quisiera olvidar"
_________________-


Otra cancion que es muy actual ,pues se sigue cantando ahora , y en aquella época se bailaba muy movida :

"Adios con el corazón
que con el alma no puedo,
al despedirme de ti
al despedirme me muero.

Tu seras el bien de mi vida
tu seras el bien de mi alma
tu seras el pájaro pinto
que alegre canta por la mañana".


Luz Fernandez García-2006

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LAS SUERTES

Cristina Fernandez

Cristina nos relata lo que vivió el 22 de diciembre de 2006: El sorteo de la leña para los vecinos del pueblo.Este es un acontecimiento fundamental para la vida del Pueblo , puesto que se trata de repartir la leña que necesitna para pasar el invierno. Se hace siguiendo normas no escritas pero muy precisas, que se han trasmitido durante muchas generaciones.Es algo tan habitual que los protagonistas de estos hechos dificilmente se dan cuenta de la importancia ni de la antiguedad de estas costumbres. Dejemos que sea ella quien nos cuente en primera persona el sorteo de las SUERTES DE LEÑA del año 2006.

Las fotografías y el texto son suyos.

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Las SUERTES ya están definidas, pero aún no están echadas, eso lo haremos mañana a la hora del vino. Se han definido de la siguiente manera: Imaginense un rectángulo que se divide a lo ancho en cuatro líneas. En cada línea un punto que es un paisano de Castro, que se mueve en horizontal a lo ancho del rectángulo, sincronizado, en ese movimiento, con los otros tres puntos.

Se dan diez pasos, todos a la vez, en línea recta, como no se ven, por la espesura, cuando acaban los diez pasos se gritan para calcular, más o menos, que están todos alineados. Valoran la cantidad de leña que puede haber ahí y si es suficiente, ponen la primera señal (bolsas de plástico atadas a una rama): el primer cuadrante está definido y tendrán acceso a él tres suertudos... otros diez pasos, el segundo cuadrante y lo mismo.... En el árbol que se pone la señal se hace un numero I, II, III, IV , V ...

Es así de sencillo y así de complicado. Este año quieren leña 12 doce familias, por lo tanto se hacen cuatro cuadrantes 4x3.
La suerte se ha echado a continuación de la del año pasado y ha resultado ser, la ladera izquierda del primer valle.

Laguna grande

La gente viene preparada con sus herramientas ( hociles), eficaces donde las haya, y cada uno en su estilo, dándole forma y fondo a su maña. José María, nuestro presidente, va tomando nota de cuántos queremos SUERTE; algunos como, Maxi, Jose Antonio, Jose Mari II, han ido a echar una mano pero no quieren leña. No estamos todos los que queremos, pero al Presi no se le olvida mencionar a ninguno de los vecinos y quien tiene el recado va dando santo y seña de ello. Hay que decir de Maxi,escelente cocinero, que después del evento, nos convidó en su casa a unos tragos de un riquísimo Ribera, acompañados de "cecina de chivo" que él mismo cocinó. No tengo reportaje fotográfico de eso... jaja, fué un momento de intensa intimidad.

..........

Una vez hecho recuento, salen 12 suertudos, y nos encaminamos todos hacia la SUERTE .Unos se quedan arriba del imaginario rectángulo. En el ángulo izquierdo. Son el primer "punto" móvil y ya señalan con una bolsa. Ahí empieza la primera suerte.
Otros se van quedando, en línea, recta, todos en paralelo con el primero, describiendo el lado más corto del mismo. Son los otros "puntos" que irán moviéndose, por la línea más ancha, a la cuenta de diez pasos. Como veis en una foto, dar esos diez pasos es un pelín complicado... el de la espesura es Alejandro y no será porque no tiene las piernas bien largas.

 

Los "suertudos"

El último grupo, representa el otro lado más largo del rectangulo. Dan diez paso mientras los otros están quietos y cuando ha decidido "donde" (lo está señalando con el brazo), da una voz y los otros "puntos" se ponen en movimiento, hasta que consiguen alinearse con él, de lado a lado.
Finalmente se anota en el árbol el número de suerte que se acaba de definir, de cara al sorteo que se hará al día siguiente:

AL DIA SIGUIENTE ES EL SORTEO
Se meten los numeros de la suertes, apuntados en un papel, en una gorra El Presidente va diciendo el nombre del suertudo y el secretario saca un número al azar. Y ahí está, esa es la SUERTE que te ha tocado .

Dando los "diez pasos"

Señalando con bolsas de plástico

Los arboles ya marcados en color

 

El sorteo

Cristina Fernandez

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FORJADORES DE LEYENDAS

3-TORTA EN VINO NO EMBORRACHA PERO ALEGRA A LA MUCHACHA.

Se imaginan vivir hoy sin un supermercado o una panadería cerca de casa, sin energía eléctrica, sin agua corriente, sin focos de calor cómodamente distribuidos por la casa en forma de radiadores, sin coches… la lista de cosas que hoy nos resultan imprescindibles es interminable. Que hoy venga el panadero hasta aquí, con su furgoneta cargada de panes y bollos, nos es algo que pase desde hace mucho tiempo. Antes se amasaba en casa porque era la única manera de comer pan. Amasaban las mujeres siguiendo una costumbre que, con toda seguridad, habrían heredado de sus madres y que más o menos se repetía, de idéntica manera, en todas las casas. Hacían, de un golpe, diez o doce hogazas de harina de trigo que solían pesar entre dos o tres kilos cada una, en casi todas las casas había horno, lo que no solía haber era molino. Aquí llevaban el grano a moler a Vegas al molino del tío Galo o al molino del tío Tino, ambos los tenían en arriendo porque eran propiedad de uno al que llamaban “El comerciante” cuyo nombre de bautismo era Pedro. Este hombre había venido de Zamora comenzando su actividad mercantil vendiendo por los pueblos cosas que acarreaba al hombro en fardos, dicen, dicen… que, empezando así, acabó rico. Al molino se llevaba el grano de trigo, el que tenía caballería lo llevaba él, el que no mandaba venir a por ello porque el molinero tambien ofrecía este servicio. Cobraban, los molineros, lo que llamaban “la maquila” que era la medida que separaba para si de harina o de grano.

Teniendo ya la harina, hacer el pan era cosa de un largo día. Ellas se encerraban en el horno, normalmente solas, y se encerraban allí todo el día para evitar enfermar por los cambios de temperatura, al salir y al entrar de la estancia. Es fácil imaginarse la temperatura que alcanzaba la habitación en la que estaba el horno y todos sabemos lo que le supone a la salud someterse a bruscos cambios de temperatura. Lo primero que hacían era mezclar la harina con un caldero de agua caliente y con el “urmiento”. La amasaban bien, hasta dejar la masa muy fina, luego hacían las hogazas en las que, por costumbre, se dibujaba una cruz encima; pongamos que diez, más o menos del mismo tamaño y una bastante más pequeña, esta es, lo que llamaban el urmiento y que apartaban para pasarselo a la próxima vecina que fuera a hacer pan, de la misma manera que el urmiento que ella había utilizado se lo había pasado la última vecina que había hecho pan. Podemos entonces entender que el urmiento no es otra cosa más que el fermento y entender, tambien, como colaboraban entre ellas; es verdad que por una cuestión de supervivencia, al margen de las relaciones de buena vencidad que seguro habría, pero por qué no darle un toque romántico al detalle y más viendo que no era en lo único que se ayudaban. Una vez hechas las hogazas las tenían que dejar fermentar durante tres o cuatro horas, en verano no había problema, pero en invierno, a veces, tenían que poner un brasero debajo de la mesa que sujetaba la masa para que el proceso de fermentación no se alargase demasiado. Mientras las hogazas fermentaban empezaban a preparar el horno. Lo primero era “arrojarlo” esto es que lo llenaban de vides, cinco o seis fejes, y las prendían fuego hasta que las paredes del horno se ponían rojas, llegado este momento, las vides ya consumidas, tomaban la ralleta y sacaban los tizones y luego con la “ mundilla” o “mondilla”, que no era ora cosa que una varal largo en cuyo extremo se había hecho una escoba de urces , barrían el interior dejándolo muy, muy, limpito. Lo siguiente era meter las hogazas, con una especie de pala plana de mango largo. Aprovechaban este momento para hacer otras cosas, por ejemplo , por las fiestas de San Miguel, hacían bollos de manteca que ponían a cocer en latas encima de las hogazas, estas latas las hacía el tío Malandras , un tal Manuel que vivía en Cerezales y que era hojalatero. Hacían tortas tambien, esas las hacían siempre que amasaban, no solo para sus chiquillos o los chiquillos de todos, que solían esperar ávidos a las puertas del horno en el que se estaba amasando, sobre todo a la puerta del horno de la tía Tina que parece ser que era la que mejor mano tenía con esto de las tortas; tambien para ellas mismas. Era costumbre que ellas ese día comieran torta mientras estaban allí encerradas, tortas mojadas en vino que las espitaba el marido. El hombre, que andaría por allí, estaba pendiente de ella y de vez en cuando espitaba una jarra de vino que le llevaba al horno, porque supondría que con tanto calor y movimiento tendría sed su señora, ella sacaba la torta caliente del horno y partiéndola en trozos la metía dentro del vino, de tal manera que la torta se enfriaba y el vino se calentaba… energía en estado puro para poder seguir animosa con la ardua labor. Aquiles, en la Illiada, mezclaba el vino caliente con queso rallado o miel, y tambien lo usaba como reconstituyente.

Lo de que “torta en vino no emborracha” digamos que es de dudosa credibilidad. Cuentan por aquí la historia de una tal Flora que vivía en Barrillos y que una vez amasando, se confundió y en vez de echar las hogazas por la boca del horno las echó por la ventana, a la huerta; dicen, que cuando llegó su marido, Amabilio, y se encontró con el desaguisado, le sacudió unas buenas morradas. Tambien cuentan que el tío Teodoro amasaba él porque era viudo, y que después de amasar estaba dos o tres días sin poderse echar ni un trago. La que mejor amasaba, la tía Tina y la que peor, la tía Pilar, pero no era porque tuviera mala mano sino porque tenía mala suerte y así como no la salía bien el pan tambien, se la estropeaba la matanza.


Cristina fernandez 2007

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CASTRO ESQUILON

 

Hubo un tiempo en el que Castro del Condado se llamaba, Castro Esquilón. Hay tradición ovejera en este pueblo no solo porque por él pasa “La Cañada Real” que es el camino por donde circulan los rebaños de ovejas con sus conductores desde las ubicaciones de invierno a las de verano, si no porque siempre hubo rebaño aquí y por ende pastor que les cuidaba. La lista de pastores es nutrida, solían ser de la zona y se dedicaban a eso, a pastorear las ovejas del pueblo, menos el último, Jose Manuel pastoreaba su propio rebaño. Fueron los siguientes y por este orden:

Cirilo de Santa María
Esteban de Santa María
Mario de Santa María
Eremio de Santa María
Fidel de santa María
Jesús de San Cipriano
Pablo de Santa Colomba
Fermin de Villafruela
Victor de Santa María
Benigno de Barrillos
Manolo de Cerezales
Amador de Vegas
Victoriano de Santa María
Tino de Cerezales
Jandro de Vegas
Jose Manuel de Castro Esquilón

La figura del pastor viene marcada por esa manera de vivir solitaria y en estrecho contacto con la naturaleza del entorno que hace de ellos personajes singulares. Eran, o son, poseedores de un conocimiento que les permitía interpretar las señales de su entorno con mucha eficacia: levantar una piedra y saber si mañana iba a llover, observar el vuelo de los pájaros para saber las fluctuaciones de temperatura ambiental, vigilar la dirección del viento portador de mensajes olorosos. Conocían perfectamente la botánica de nuestro monte y, dependiendo de las floraciones de algunas especies, pastaban unas temporadas en un sitio y otras en otro, de eso dependía la calidad de la leche, de la lana, de que las parideras fueran exitosas, en definitiva, de la buena salud de las ovejas. Sus herramientas eran un bastón un poco especial: el cayado, que les servia para coger a las ovejas por las patas de atrás y que tambien utilizaban, después de colocarlo apoyado en “la cacha”, como almohada: recostaban allí la cabeza en un delicado punto de equilibrio, lo que les permitía descansar sin correr el riesgo de caer en un sueño profundo, porque si eso ocurría perdían el equilibrio en la cacha y se despertaban inmediatamente (eso es lo que hacen los yoghis, el punto exacto para la meditación esta en la parte de vigilia que pueda tener un duerme-vela, pero ellos sin bastón ) así estaban siempre pendientes del rebaño y al mismo tiempo descansaban y pensaban en sus cosas sin perder la referencia de la realidad. Los perros de carea y los mastines que le ayudaban a dirigir la marcha del rebaño y defenderlo de los depredadores. Una “quilma” que es una especie de alforja donde metían a los corderillos recién nacidos que aún no tenían capacidad de darse la caminata hasta volver a casa; y el zurrón, donde llevaban sus cosas. Por la mañana tempranito, al despuntar el día, tocaba el cuerno, esta era la señal para que en todos los corrales se prepararan las ovejas, luego pasaba casa por casa recogiéndolas: aquí tres , aquí cinco… en fin, de cada casa salían unas cuantas, y se echaba al monte, todo el día.


No se acuerdan cuanto cobraba el pastor, se acuerdan de que el precio se revisaba o se ajustaba el día de San Pedro que, además, era su único día libre, recuerdan que Cirilo este día siempre decía muy contento “ hay que aupar”. Además este día se contaban las ovejas. La comida y el alojamiento era por cuenta del pueblo, cada tres ovejas que se aportaban al rebaño suponía un día de manutención, esta consistía en tres raciones de alubias pintas que se le entregaban al pastor en una cazuela de madera cuando recogía las ovejas, las alubias típicas de aquí, con su correspondiente “compango”. Dicen que el pastor organizaba su comida dejando el compango para la noche, menos Mario, famoso por su glotonería e inventor de la famosa “purga alemana” que no era otra cosa más que vomitar cuando ya no le cabía más, para poder seguir comiendo. Dormían por las casas, tambien por turnos, como la comida, todavía hay alguna casa que tiene una habitación que llaman “la habitación del pastor” porque era la que siempre utilizaban para que él pernoctara allí. El pastor no solía necesitar ayuda para sacar adelante su labor, excepto en las épocas de paridera, seguramente la época más delicada de todo el año, entonces “alguien” le acompañaba para ayudarle con los recién nacidos, solían hacerlo tambien a turnos, y solían ir los más jovencitos. Cuando había corderitos era más complicado meter las ovejas en casa, había que estar pendientes de que entrara tambien el pequeñuelo porque si quedaban separados luego, madre e hijo, berreaban sin descanso y no había quien parara a su lado, ni prendiera los ojos si se hiciera de noche y hubiese que ir a dormir.

La rentabilidad que se le sacaba a las ovejas era buena: La lana. Aunque cada uno se quedaba con la lana de sus ovejas era el pastor el que esquilaba, solía ser en junio, por San Juan y San Pedro. Los mejores vellones se les quedaban en casa para hacer ropa en un proceso laborioso lleno de tradición. Primero se ponía a remojo durante toda la noche en unas calderas grandes de cobre con agua templada, a continuación se escurría en una cesta y luego se la lavaba otra vez en la “presa”, vellón por vellón y sin jabón. En el tramo de presa donde se lavaba se ponía una especie de red tejida de varas, a favor de la corriente, para si se escapaba algún vellón que se trabara allí y no se perdiese. Después de lavar el vellón y secarlo se cardaba, a continuación se ponía en una rueca y de ahí la iban pasando al uso ya retorcida y preparada para hacer ovillos. Todas estas herramientas se hacían con madera de un árbol llamado Usera.

Estas labores eran propias de la sección femenina, las señoras, normalmente por las noches, reunidas en familia o entre vecinas. Luego la tejían: abrigos, jerséis, calcetines, faldas… De aquella pasaba por el pueblo un vendedor ambulante que se llamaba Pedro y vendía cosas de costura, cuando le pedían tintes para teñir la lana siempre soltaba la misma monserga que aún hoy se recuerda entre risas “ tinte retinte marca la Tía Gerula que mea la cama y dice que suda” Era un hombre versado, según cuentan, y sabía latín; además de vender las cosas de costura vendía veneno para pulgas y piojos, quien se lo compraba si se le ocurría preguntar como se usaba, el contestaba en latín: “ cogi la pulga, abri la boca, echele polvi, Sántili morti”.


La lana era cara, así que el proceso se cuidaba escrupulosamente. A la que no se daba uso domestico para hacer ropa o colchones se llevaba a vender a León. El sábado había mercado en la Plaza Mayor, allí estaban los de Palencia que era con quien se hacía los tratos de la lana, se podía vender limpia a veinte duros el kilo o mandar hacer una manta que había que recoger el sábado siguiente tras previo pago de la mano de obra, no saben decirme cuanto costaba esto. Tambien se hacían colchones, estos solían llevar trece kilos de lana y en el mercado salían por unas mil pesetas, para los que no ponian la lana.


Los pellejos de las ovejas y de conejos eran otra fuente de ingresos. Se vendían sin curtir al “pellejero”. Había varios de Zamora, Palencia y Villarramiel …un tal Blas que vivía en Villanueva y era de Villalón, el más famoso de todos era Pedro Antón que además de comprar los pellejos vendía pimentón para la matanza. Solían venir en septiembre.
Y la leche. Se ordeñaba y se hacía queso. Cuando una corderina moría se le sacaba lo que ellos llaman “la cuajina” algo que está en el estomago, esto se mezclaba con la leche y era lo que hacia que cuajara. Una vez cuajada se echaba sal y se amasaba bien dejándola, a continuación, escurrir en un faldón de lino ya separada en bolas, las que luego se meterían en los moldes de paja llamados “cinchos” que son los responsables de ese dibujo característico que todo buen queso tiene en su corteza. Se dejaban secar… y ya estaban listos para consumir.

Qué vida más atribulada tenían nuestros forjadores de leyendas, y no hace tanto, cincuenta años más o menos. Su pan, sus verduras, sus legumbres, su vino, su ropa, la carne que consumían. Es una manera de vivir con un merito tremendo y de la que, normalmente, era imposible escapar.

Quien me contó esta historia son estas señoras que salen en esta foto. Además, tuvieron la gentileza, porque ellas son grandes, de hacerme una demostración para que todos supieramos, un poco, como era el asunto de hilar y así avivar la imaginación. Ellas han hilado, y vieron hilar a sus madres y a sus abuelas en ese escenario que ahora, nosotros, estamos intentando recuperar.
Dice Kundera, a la sombra de Nietzche, "que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan."
No dejeis que estas vidas desaparezcan en la ausencia del recuerdo, recordad y ponedle carita a esa mujer que a la luz de una vela hilaba, que retornen en nosotros. Recordad para perpetuar ese momento y haced que existan, año tras año, en nuestra memoria, para que nada ni nadie " carezca de significado".

El Huso( Extremadamente simple, consiste en una varilla que, al rotar sobre su eje longitudinal, genera una apreciable torsión sobre las fibras fijas a su extremo, logrando formar la hebra)


El Huso con un vellón y la rueca colgando ya con un poco de lana enredada



Nuestar Josefina "hilando". Lleva el Huso a la cintura, con una mano va haciendo la hebra y con la otra maneja el uso que da vueltas envolviendo la lana


Este cayado esta hecho por Benancio, uno de nuestros artistas locales, que trabaja la madera muy bien. A ver si algún día se decide y nos deja incluirle en la sección de "personajes" con una muestra de lo que él hace con un trozo de madera. En la cacha lleva grabado los nombres de todos los pastores que han pasado por Castro

 

Cristina Fernandez 2007

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