CONCEJO : según definición del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), proviene del latín concilium e indica asamblea que se tiene en público, convocando a todos los vecinos del pueblo.

Se trataría, pues, de una Asamblea vecinal vinculante para presentes y ausentes, con poder decisorio y ejecutivo.

Los pueblos de la provincia de León, acostumbrados desde antiguo al régimen de la democracia directa, continúan reuniéndose en sus asambleas populares o concejos, bien a la salida de misa todos los domingos del año (Concejo ordinario), bien al tañido de la campana (concejo extraordinario) cuando las circunstancias lo exigen. El concejo trata todo lo que afecta al régimen de la comunidad, y en ocasiones, en algo que se relaciona con la vida puramente privada. Hace el libro de pueblo o reglamento que ha de regir durante un año; toma acuerdos acerca de pastos, corta de leña en el monte, arreglo de caminos, riegos etc. Entiende de las relaciones del pueblo con el Ayuntamiento y con otros pueblos, dispone la inversión de fondos, acerca de la policía en casas, calles, fuentes... etc.

Campana de Castro

HISTORIA : Posiblemente después de la invasión árabe al concentrarse la población hispana en la montaña cantabro - asturiana, en villas (explotaciones agrarias unitarias) y villares (pequeños núcleos de población, con sus correspondientes tierras) que se desarrollaron al abrigo de castillos y monasterios, fue necesario reorganizar desde “cero” la vida en común. La propiedad privada individual existiría desde el principio y paralelamente hubo otras tierras, montes, bosques, agua etc, llamados propios que se utilizaban colectivamente, surgiendo de forma espontanea las asambleas públicas vecinales que se reunían ante la necesidad de crear una organización que regulase el uso y explotación comunal y resolviera los problemas que se presentaban en las zonas alejadas de la autoridad del reino. Posteriormente esa asamblea evolucionó hacia el Concejo , que se regía por unas Ordenanzas jurídico-económicas.

Tenemos, documentación de la existencia de los concejos, antes del Fuero Juzgo. La Ley 6ª del tit. 5 libro VIII de este Código, dice: “Quien falla caballo, o otra animalía errada, puédela tomar e dévelo luego facer saber al sacerdote, o al señor de la villa, o al juez, e decirlo paladinamente en concejo ante los vecinos”.

Los vecinos se reunían en Concejo abierto, para dar su voz y voto en igualdad democrática como lo hacían anteriormente los visigodos en el conventus publicus vecinorum, siendo la única forma de gobierno local que existió durante aquellos siglos En al Concejo abierto se convocaban todos los cabezas de familia al son de campana tañida, después de la misa dominical, para estudiar los asuntos comunes. La asistencia era obligatoria, bajo pena monetaria a no ser que se alegasen razones eximentes. Se elegía un Juez para asuntos judiciales y un Regidor para los administrativos.

Así sucedió hasta el siglo XI, una vez promulgado el Fuero de León en el año 1020, que rigió en León, Asturias y Galicia, que comienza su parte dispositiva ocupándose de los concejos y de lo que estos han de tratar en primer termino y donde los Reyes quisieron limitar la independencia concejil, apoyándose en el Articulo XVIII que decía: “Mandamos que en León, en todas las demás ciudades y en todos los Alfoces haya jueces elegidos por el Rey que juzguen las causas de todo el pueblo”. No obstante la sanción penal que el Fuero establece para los infractores de sus reglas dice: “ Cualquiera que intentase quebrantar a sabiendas esta nuestra constitución, quier de nuestra progenie, quier de otra, quiebresenle las manos, pies y cabeza, sáltensele los ojos, arroje los intestinos, y herido de lepra y de la espada del anatema, pague la pena con el diablo y sus ángeles en la condenación eterna”.A pesar de ello, los Concejos rurales siguieron viviendo su vida, regidos por sus propias Ordenanzas.

Mas adelante esa amplia participación se verá limitada dando paso a la Asamblea concejil de Hombres Buenos. Grupo reducido de vecinos de reconocida conducta que llevaban por delegación de la asamblea el cuidado y la solución de los problemas mas importantes de la comunidad. Dicha asamblea, una por cada localidad, se solía reunir una vez al año, casi siempre para elegir a los hombres que en los meses siguientes ejercerían las funciones de gobierno local y esa misma asamblea tomaba juramento a los nuevos “ funcionarios”.

Con estos hombres buenos se consolidó la tendencia al control de los concejos por las oligarquías locales, pero simultáneamente se incrementó el intervencionismo regio en los municipios Los regimientos, cabildos restringidos de designación real y los corregidores, delegados del poder central en villas y ciudades, eran los dos pilares de la vida municipal Suponen de forma inequívoca, un retroceso tanto del carácter democrático de los concejos como de su autonomía Estos Hombres Buenos actuaban en el orden jurídico, económico y administrativo y subsistieron hasta después del S.XV. Posteriormente los Concejos, fueron los que iniciaron el camino que va a desembocar en el municipio, al lograr las primeras inmunidades y obtener el derecho a elegir a sus funcionarios. Estos hechos que sucedían en las villas y grandes municipios, no son aplicables a los concejos aldeanos, que son los que importan en la historia de nuestros pueblos, donde los concejos abiertos si que pudieron conservarse.

A los concejos que siempre empezaban con tres toques de campana, acudían los vecinos que no tenían impedimento. Tenían derecho y obligación de asistir, todos los vecinos, capaces que sean o hayan sido casados; los solteros y las mujeres están expresamente excluidos en las ordenanzas antiguas.”...Otrosí, que los mozos solteros no puedan entrar en los concejos y juntas de los vecinos, pena de medio cantara de vino...” Las normas que se dictan son estrictas en cuanto al comportamiento, penalizando con multas a los infractores. Un ejemplo: “ Iten ordenamos que estando los vecinos juntos en cualquier sitio que el Regidor lo convocare, deban de estar con moderación y respeto, sin levantar la voz, hablara malas palabras, jurar, votar, blasfemar, levantarse del asiento, hacer ademan con los brazos contra otro, proferir amenazas o cualquier otra expresión no cristiana o subversiva de la paz y buena armonía...,ningún vecino,puede llevar palo al concejo, ni arma ninguna... Cualquiera vecino que incurriese en alguno de estos defectos, pague doce reales y siendo rebelde se duplique o triplique hasta treinta y seis reales y se dará cuenta a la justicia...” JLC

“Los solteros y las mujeres estaban excluidos del Concejo...”